Como cada Día de San Blas, los vecinos acuden a la tradicional bendición de estos panes, que después reparten y degustan junto a sus seres queridos
Así lo marca una tradición que perdura desde hace décadas en nuestro pueblo. El día de San Blas, los vecinos acuden a la parroquia a bendecir los panes típicos del 3 de febrero. Roscas con ajonjolí que por la tarde degustan, niños y mayores, acompañadas de chocolate.
Las bendiciones de este martes han sido a las 10´30 y 14´15 horas, contando con gran asistencia vecinal. Destacan especialmente las abuelas, cargadas con cuidadas cestas o talegas llenas de roscas, que después repartirán entre hijos y nietos. Hay quien incluso mantiene la tradición de adornarlas con lazos, que luego anudarán a los cabeceros de las camas para tratar de prevenir los males de garganta.
Es un día frenético en las panaderías locales, donde a las reservas ya previstas se añaden numerosos pedidos de última hora. Como viene siendo habitual, la demanda crece justo antes de cada bendición. “Hemos vendido 600 roscas“, comentaba Lorenzo Gómez desde la panadería Gómez Priego.
Esta festividad alude a Blas de Sebaste, un médico, obispo de Sebaste, en Armenia, y mártir cristiano. Según la leyenda, era conocido por su don de curación milagrosa, que aplicaba tanto a personas como a animales. Al parecer, salvó la vida de un niño que se ahogaba al clavársele en la garganta una espina de pescado. Por ello se le considera patrono de los enfermos de garganta y de los otorrinolaringólogos.



